14 de mayo de 2026 · Pedro Aldea

Cómo identificar los pasos del flujo que sobran (sin tocar código)

El paso 1 del Zero Friction Method es eliminar. Aquí está el procedimiento concreto para encontrar los pasos que ningún miembro del equipo defiende cuando se les pregunta directamente.

Los pasos que sobran en un flujo operativo no se encuentran con auditorías formales: se encuentran sentándose con la persona que ejecuta el flujo a diario, una pantalla compartida con el sistema real y un caso reciente con alguna fricción menor. Durante 45 a 60 minutos se le pide que recorra el flujo paso a paso narrando cada acción, y a cada paso no obvio se hace una sola pregunta: ¿este paso por qué existe? Las tres respuestas más frecuentes — “porque siempre se ha hecho así”, “porque lo pedía un cliente que ya no es cliente”, “porque el sistema antiguo lo necesitaba” — son la señal de que ese paso es candidato a eliminar. Tres errores matan el ejercicio: entrevistar al responsable y no al ejecutor, hacerlo sobre un caso ideal sin excepciones, y prometer que no se va a cambiar nada. Eliminar pasos del flujo no es problema técnico, es problema de permiso.

Eso es el paso 1 del Zero Friction Method: eliminar. Y es, con diferencia, el paso más infravalorado y el que más valor libera en proporción al trabajo invertido.

Vale la pena explicar por qué funciona, cómo se hace, y qué pasa cuando se hace mal.

Por qué funciona

Los flujos operativos en empresas con quince o veinte años de historia llevan dentro la huella de todas las decisiones que se tomaron alguna vez y nunca se revirtieron. Un cliente importante pidió en 2018 que la factura llevara un campo extra. Una auditoría externa exigió en 2020 una doble validación que tenía sentido en el contexto de aquella auditoría. Un proveedor antiguo tenía un sistema que requería un formato concreto y, aunque ese proveedor ya no es proveedor, el formato sigue ahí porque “por si acaso”.

Cada una de esas decisiones, tomada por separado, fue razonable. La suma, vista quince años después, no lo es. Pero nadie tiene incentivo a removerlas. El responsable que las introdujo ya no está. El que las ejecuta cada día asume que existen por algo. El director general no entra a ese nivel de detalle. El resultado es un flujo cuyo perímetro nadie cuestiona.

La conversación honesta de auditoría es lo que rompe el bucle. Cuando se pregunta paso a paso “¿este paso por qué existe?”, lo que aparece no es resistencia. Aparecen tres respuestas que se repiten:

  • “Porque siempre se ha hecho así.” La más común. Significa que nadie vivo en la organización defiende activamente el paso.
  • “Porque lo pedía un cliente que ya no es cliente.” O un proveedor, o una auditoría, o un sistema. La causa original ya no existe; el paso sí.
  • “Porque el sistema antiguo lo necesitaba.” La integración con un ERP que se cambió hace seis años, una validación que ya no aplica, un campo que ya no consume nadie.

Las tres respuestas tienen una propiedad común: ninguna defiende el paso desde su valor presente. Defienden su origen, no su utilidad. Eso es la señal verde.

Cómo se hace, en concreto

El protocolo es directo y reproducible. Se necesita:

  • Una persona del equipo que ejecute el flujo a diario. No el responsable que lo describe en una reunión de comité, sino quien hace clic.
  • Una pantalla compartida con el sistema real. No una diapositiva del flujo, no un diagrama Visio. La pantalla del sistema en vivo.
  • Un caso real reciente. Un pedido real, una factura real, una incidencia real. Nada inventado.
  • Una hora reservada sin interrupciones.

La sesión arranca pidiendo que esta persona ejecute el flujo desde el principio, lentamente, narrando cada acción. Cada vez que aparece un paso que no es obvio, se hace una sola pregunta: “¿este paso por qué existe?”

No se interrumpe el flujo. Se anota la respuesta y se sigue. Al final de la sesión, lo que se tiene es una lista de pasos con sus justificaciones, agrupables en tres categorías:

  1. Pasos cuya justificación es presente y robusta. Sirven para algo que la organización valora hoy. Se quedan.
  2. Pasos cuya justificación es histórica. Tenían sentido y ya no. Candidatos a eliminar tras una validación cruzada con el responsable funcional, cinco minutos por paso, no más.
  3. Pasos cuya justificación es inexistente. Nadie sabe por qué están. Eliminación inmediata, ningún riesgo razonable.

En sesiones de este tipo, las categorías 2 y 3 sumadas suelen representar una parte significativa del flujo, casi siempre más de lo que el equipo esperaba. Esa constatación es lo que abre la conversación operativa real, antes de hablar de tecnología.

Qué pasa cuando se hace mal

Hay tres errores frecuentes que matan el ejercicio antes de que produzca valor.

El primer error es entrevistar al responsable, no al ejecutor. El director del departamento describe el flujo como cree que debería funcionar, no como funciona. Los pasos que se inventan en esa descripción son distintos de los pasos que aparecen en la pantalla. El ejercicio sirve para diagnóstico estratégico, pero no para eliminar nada concreto. La sesión hay que hacerla con la persona que ejecuta.

El segundo error es hacerlo sobre un caso ideal. “Vamos a ver cómo procesamos un pedido normal.” Los pedidos normales no tienen excepciones, y son las excepciones las que generan la mitad de los pasos heredados. La sesión se hace sobre un caso real reciente que tuvo alguna fricción menor. Ahí aparecen los pasos de defensa, los pasos de validación redundante, los pasos de “por si acaso” que son los más eliminables.

El tercer error es prometer que no se va a cambiar nada. “Solo es para entender, no vamos a tocar nada todavía.” Esa promesa convierte el ejercicio en una entrevista cortés en la que el ejecutor justifica todo lo que hace. La promesa correcta es la opuesta: “Vamos a quitar todo paso que ninguno de los dos seamos capaces de defender, después de validarlo con el responsable funcional.” Eso cambia la actitud.

El permiso, no la técnica

Eliminar pasos del flujo no es un problema técnico. Es un problema de permiso. Una vez se identifican los pasos sin justificación presente, lo que falta no es código ni herramienta, es la decisión organizativa de quitarlos. Esa decisión está siempre a nivel de director de operaciones o equivalente, y casi siempre está disponible: el director ya sospechaba que sobraban, lo que no había era el documento que lo demostrara.

El documento que se entrega después de la sesión no es un informe consultor. Es una tabla con tres columnas: paso, justificación recogida, recomendación. Tres páginas, lenguaje plano, ningún tecnicismo. El director firma o no firma cada eliminación. Cuando firma, se ejecuta esa misma semana. Cuando no firma, se documenta el porqué para volver a revisar en seis meses.

Cuando el flujo pesa la mitad, todo lo que viene después funciona sobre una base distinta. La estandarización del paso 2 opera sobre menos casos. La automatización del paso 4 cubre menos pasos. Y la IA del paso 5, cuando llega, ejecuta un proceso que tiene sentido, no uno que arrastra quince años de decisiones que nadie defiende.

¿Cuándo fue la última vez que alguien de tu equipo, sentado al lado de quien ejecuta vuestro flujo más caro, le preguntó paso a paso “¿este paso por qué existe?”?


Si vuestra empresa quiere recorrer este ejercicio sobre un flujo concreto, el diagnóstico operativo de 2 semanas lo incluye como sesión de la primera semana. Salimos con el flujo mapeado y la lista de pasos eliminables firmada por el responsable funcional.